El abismo o la sensatez

Lo que nos jugamos a dos semanas del silencio

Si la semana pasada hablábamos de la necesidad urgente de recuperar la memoria, (“Tener Memoria”),  hoy, a quince días de acudir a las urnas, debemos hablar de supervivencia. El tiempo se agota y el Perú se encuentra frente a la encrucijada más dramática de su historia reciente: o rompemos las cadenas de este secuestro institucional, o firmamos nuestra condena a un atraso crónico que ya nos está costando vidas.

Durante los últimos días, hemos sido testigos de un espectáculo que retrata de cuerpo entero nuestra crisis: debates electorales segmentados en bloques de hasta 12 candidatos diarios. Más que un ejercicio democrático de contraste de ideas, hemos presenciado una máquina de generar ruido blanco. Este formato masivo y atropellado es la consagración de la trampa electoral: ante la saturación de rostros, promesas vacías y ataques de un minuto, el electorado corre el riesgo de agotarse y rendirse ante la confusión.

Y eso es exactamente lo que esperan quienes lideran las encuestas.

El ruido de los debates frente al silencio del hambre

Mientras en los atriles se discute con frivolidad y se lanzan eslóganes prefabricados, allá afuera, en el país real, la tragedia avanza en silencio. Nos estamos jugando el futuro frente a una realidad que no admite más maquillaje: dos de cada tres peruanos viven en condiciones precarias.

¿Cómo es posible que en un país con la riqueza natural y el potencial macroeconómico del Perú, más del 52% de la población sufra de inseguridad alimentaria? ¿En qué momento normalizamos que el promedio nacional de anemia infantil supere el 43%, alcanzando cifras de terror, cercanas al 70%, en algunas regiones de nuestro interior?

Ese es el verdadero rostro de la crisis. Esa anemia no es solo una falla médica; es el resultado directo del atraso moral, ético y político de una clase dirigente que prefirió repartirse el Estado antes que gestionar la salud y la educación. Es la consecuencia de la informalidad asfixiante, de la destrucción ambiental, del rezago tecnológico y de un sistema de justicia y seguridad que protege al infractor y abandona al ciudadano.

La ilusión de los favoritos y la dictadura del «voto duro»

Hoy, las encuestas nos muestran a dos opciones liderando las preferencias. Paradójicamente, son los rostros y herederos de las mismas fuerzas políticas que nos han arrastrado a este pantano de inestabilidad y parálisis durante la última década.

¿Por qué lideran? No lo hacen por convencer a las mayorías con planes de gobierno brillantes, sino porque se sostienen sobre la dictadura de su «voto duro». Se aprovechan del miedo, del fanatismo y, sobre todo, de la dispersión de todos los demás. Saben que si el ciudadano que desea un cambio real divide su voto entre treinta opciones bienintencionadas pero inviables, ellos ganarán la partida con porcentajes minúsculos.

No podemos permitir que el futuro del Perú se decida por la inercia de los aparatos clientelistas o por maquinarias financiadas con los pasivos de la corrupción y el lavado de activos.

El golpe de timón: Un llamado a la concentración ciudadana

Nos jugamos la viabilidad de la República. Continuar por el mismo camino significa consolidar a las mafias, espantar la inversión que genera empleo y condenar a otra generación de niños peruanos a la desigualdad y la pobreza.

El único antídoto contra esta trampa, a dos semanas del día «D», es un golpe de timón cívico y pacífico en las urnas. Tenemos que ser más inteligentes que el sistema que han diseñado para engañarnos.

Es la hora de la sensatez. El voto de castigo contra quienes nos hicieron daño no debe ser un voto ciego ni disperso. Debemos agruparnos en torno a las opciones de centro, académicas y democráticas que demuestren capacidad de gestión, equipos técnicos limpios y, sobre todo, viabilidad de cruzar la valla electoral. Opciones que entiendan que gobernar no es un negocio, sino el deber sagrado de garantizar salud, educación, seguridad y justicia de calidad.

El Perú es más grande que sus malos políticos. Tenemos los recursos, la resiliencia y la gente para salir de este atraso y construir un país moderno, integrado al mundo y justo con sus hijos. A dos semanas de las elecciones, apaguemos el ruido de los debates, miremos los datos de nuestra realidad y votemos con la cabeza fría, para que esta vez, por fin, gane el Perú.

El abismo o la sensatez; esa es la decisión. Que la reflexión de esta Semana Santa nos lleve a comprender que el milagro de recuperar nuestro país no vendrá de los mismos que crearon el infierno. El fanatismo nos ha costado una década perdida. Es hora de despertar, unificar el voto y defender nuestro derecho a soñar con un Perú viable. El castigo democrático está en nuestras manos; usémoslo con sabiduría. Comparte este artículo y ayuda a abrir los ojos.

#JuandeDiosGuevara

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