El “Caballo de Troya” a la Inversa

TLCs, Soberanía y el Dilema del Callao

Para el Perú, la noticia de la semana no ha sido una cifra económica ni un indicador social, sino una decisión silenciosa con efectos de largo plazo: la ampliación de la Base Naval del Callao financiada por Estados Unidos bajo la narrativa de “socio preferente”.

Tras el cierre de Davos 2026, el mundo ha despertado en una realidad de bloques fracturados. En ese nuevo tablero, esta decisión nos coloca en una encrucijada sistémica. Durante décadas, el Perú ha construido pacientemente una red de 22 Tratados de Libre Comercio y ha consolidado su posición en el CPTPP. Esta red constituye nuestro “Caballo de Troya” positivo y legal: una arquitectura de apertura que permite que el Perú —y socios regionales como Brasil— ingresen a los mercados más dinámicos de Asia con arancel cero.

Sin embargo, al ceder a una “elección única” en materia de seguridad con una potencia, corremos el riesgo de que nuestro propio caballo de Troya se convierta en una trampa estratégica.

La Neutralidad no es Pasividad, es Negocio

El éxito de hubs globales como Singapur o Dubái no se basa en cerrar puertas, sino en administrarlas todas. Singapur alberga instalaciones logísticas y presencia operativa de diversas potencias sin permitir que ninguna dicte su política comercial. Ellos entienden que el Switchboard —el conmutador logístico y comercial— solo genera valor si el flujo es ininterrumpido y neutral.

Si el Callao comienza a percibirse como un enclave exclusivo, el “efecto espejo” en Chancay y en nuestras relaciones con China y el bloque BRICS no tardará en aparecer. La pregunta es inevitable: ¿qué ocurrirá con la certificación de origen de nuestros productos si se imponen cláusulas de exclusividad bajo el paraguas de la seguridad nacional? ¿Qué pasará con los flujos brasileños hacia Asia que hoy necesitan al Perú como plataforma neutral?

El Riesgo del “Chantaje Estructural”

Como advertimos en la saga de la Soberanía Industrial, las potencias hoy no buscan simplemente competir: buscan controlar los cuellos de botella. Quien controla el flujo no necesita vetar; basta con retrasar, condicionar o reinterpretar.

Al alinearnos de forma cerrada, le entregamos a un tercero la llave de nuestro conmutador logístico. La soberanía real no se declama: se ejerce con redundancia estratégica. El Perú debe ser el espacio donde el capital estadounidense, la tecnología china y la producción brasileña converjan bajo leyes peruanas. Entregar el Callao a una sola lógica de seguridad es, en la práctica, renunciar a la capacidad de arbitraje que nos otorga nuestra ubicación central en el Pacífico Sur.

Hacia una Neutralidad Activa Reforzada

Propongo tres ejes de respuesta inmediata para proteger nuestra red de TLCs:

  1. Gobernanza Bimodal: El Callao y Chancay deben ser gestionados bajo una doctrina de puerto libre y neutral, donde la seguridad nacional sea ejercida por el Estado peruano —vía SIMA— y no delegada a presupuestos ni agendas foráneas.
  2. Blindaje Normativo: Reforzar las cláusulas de no discriminación en nuestros TLCs, evitando que presiones geopolíticas externas afecten el flujo de carga regional, especialmente desde Brasil hacia Asia.
  3. Diplomacia de Hub: Lanzar una ofensiva diplomática que reafirme al Perú como el “medio campo de Sudamérica”: un territorio de paz comercial, predecible y no chantajeable.

La Métrica de la Prosperidad

Singapur y Dubái no son potencias a pesar de ser neutrales; lo son porque son neutrales. Señores del Gobierno: la soberanía nacional no es un activo en alquiler. El Perú debe ser el anfitrión soberano que brinde servicios de mantenimiento y logística a EE. UU., China y Brasil por igual, bajo leyes peruanas y tecnología del SIMA. Aceptar una inversión que condicione nuestra neutralidad es hipotecar la mayor ventaja estratégica que nos dio la geografía y la historia.

El futuro no se elige entre potencias; el futuro se construye siendo el nodo indispensable para ambas. En nuestra próxima entrega: “Lecciones de los Hubs Soberanos: Cómo Singapur y Dubái administran bases extranjeras sin entregar su economía”. Un análisis comparativo para entender por qué el Perú debe exigir un modelo de gestión que proteja su neutralidad operativa.

#JuandeDiosGuevara

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