El Empalme (Switchboard) de Sudamérica

Perú y la Urgencia de una Doctrina de Estado

En la geometría del comercio global de 2026, el mapa ha dejado de ser una superficie plana para convertirse en una red de nodos y flujos. En este nuevo orden, el Perú ha emergido no solo como un destino, sino como el «Switchboard» (empalme- conmutador) neurálgico que conecta el Atlántico sur con el Asia-Pacífico.

Sin embargo, la geografía es solo una potencia; la prosperidad es un acto de voluntad política. Es imperativo que el Estado peruano trascienda la gestión del «día a día» y consolide una política exterior y económica basada en su mayor activo: su ubicación geopolítica central.

El Nodo de los Cuatro Puntos Cardinales

La ventaja natural del Perú es única en el continente. Somos el punto de empalme natural para dos ejes críticos:

  1. El Eje Este-Oeste (El Puente Transcontinental): Perú es la salida lógica para el gigante sudamericano, Brasil. La conexión entre los estados de Acre, Rondonia y el Mato Grosso con los puertos de la costa central y norte peruana (especialmente Chancay y Callao) reduce el tiempo de tránsito hacia China y el Sudeste Asiático en hasta 12 días, evitando el congestionado Canal de Panamá.
  2. El Eje Norte-Sur (El Hub de Cabotaje): Por nuestra posición central en la costa occidental, el Perú se convierte en el «router» que distribuye carga hacia el norte (Ecuador, Colombia) y hacia el sur (Chile), consolidando un sistema de cabotaje que reduce costos logísticos para toda la región.

Esta intersección no es una coincidencia, es una responsabilidad. Si el Perú logra articular estos ejes, dejará de ser una economía extractiva para convertirse en una economía de servicios logísticos y valor agregado.

De la Ventaja Natural a la Estrategia de Estado

Para que este «Switchboard» funcione a plena capacidad y no sea solo un enclave de paso, los gobernantes peruanos deben priorizar tres pilares fundamentales en su agenda nacional:

  1. Infraestructura de Conectividad Multimodal: No basta con tener puertos de aguas profundas capaces de recibir buques Triple-E de 24,000 TEUs. El switchboard requiere cables. Esto significa priorizar la modernización de los corredores viales interoceánicos y, fundamentalmente, apostar por el sistema ferroviario. El tren bioceánico no es una fantasía; es la infraestructura necesaria para mover el volumen de granos y minerales que Brasil necesita exportar y que Asia demanda. Sin una red terrestre eficiente, el puerto es un corazón sin arterias.
  2. Institucionalidad y Seguridad Jurídica: La posición geopolítica atrae inversiones masivas, pero estas solo se quedan donde hay reglas claras. El Perú debe proyectar una imagen de estabilidad que sobreviva a los ciclos electorales. La creación de Zonas Económicas Especiales (ZEE) alrededor de los nodos logísticos debe ser una política de Estado, permitiendo que la industria global se asiente en suelo peruano para transformar materias primas antes de reexportarlas.
  3. Liderazgo Diplomático Regional: Perú debe liderar la narrativa de integración sudamericana. Ser el conmutador implica saber negociar con los vecinos. La diplomacia peruana debe ser proactiva en armonizar trámites aduaneros con Brasil y en fortalecer la Comunidad Andina y la Alianza del Pacífico bajo una visión logística común. No somos competidores de nuestros vecinos; somos sus facilitadores.

El Riesgo de la Pasividad

El peligro de no priorizar esta visión es quedar relegados a ser espectadores del éxito ajeno. Si el Estado no garantiza seguridad, conectividad y predictibilidad, el flujo comercial buscará rutas alternativas, aunque sean más largas. La historia está llena de naciones que, teniendo una ubicación privilegiada, no supieron construir la infraestructura institucional para aprovecharla.

En este 2026, el Puerto de Chancay ya es una realidad que ha cambiado las reglas del juego. Pero el puerto por sí solo no hace al país. Lo que define a una potencia logística es su capacidad de integrar su territorio nacional —la sierra y la selva— a ese flujo global.

El «switchboard» debe iluminar no solo la costa, sino cada rincón del país, conectando al productor de la Amazonía directamente con el consumidor en Shanghái.

Conclusión

La ubicación geopolítica del Perú es un regalo de la naturaleza, pero su consolidación como eje central del comercio mundial es una tarea de ingeniería política. Los gobernantes actuales y futuros deben entender que la política exterior peruana debe ser, ante todo, una geopolítica del desarrollo.

Es momento de que el Perú deje de mirar hacia adentro con timidez y empiece a mirar hacia el horizonte con la seguridad de quien se sabe el centro de gravedad de una nueva era comercial.

El interruptor está en nuestras manos; es hora de encender el switchboard del Pacífico.

#JuandeDiosGuevara

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