Dos años después

¿Nos atrevemos por fin a dar el salto o seguimos en el barro de «Pepe el Vivo»?

En septiembre de 2024 escribí en este blog dos textos con una pregunta inquietante: ¿Damos el salto? y, una semana después, la constatación de nuestra propia inercia: Qué difícil, dar el salto.

Dos años más tarde, la realidad no solo demuestra que no hemos saltado, sino que la brecha entre los desafíos globales que nos aplastan y la miopía de nuestra política local se ha vuelto abismal. Mientras el planeta se prepara para tres elecciones decisivas en menos de 40 días que redefinirán el mapa geopolítico, el Perú padece un gobierno sin brújula, sumido en la inoperancia legislativa, la pillería del leguleyismo y la ausencia de liderazgo.

El tablero mundial: Treinta días que conmoverán el orden global

Lo que ocurra en las urnas entre el 25 de octubre y el 29 de noviembre configurará la economía y la geopolítica de los próximos años:

  1. Brasil (25-O): La encrucijada sudamericana. La segunda vuelta entre Flávio Bolsonaro y Lula da Silva se juega voto a voto. Un triunfo del bolsonarismo significaría el fin político de Lula y la consolidación de un «Escudo de las Américas» ultra alineado con Washington. Para el Perú, el costo estratégico sería gigantesco: pondría un freno de mano a la integración bioceánica entre Brasil, el Megapuerto de Chancay y la Franja de la Seda china, alejándonos del bloque BRICS y marginando a Sudamérica.
  2. Estados Unidos (3-N): El balance de poder. La posible pérdida de terreno republicano en el Senado en estas elecciones legislativas podría contener las políticas de aranceles punitivos, las exigencias desmedidas de visas y el perfil de embajadores de estilo «patotero» —que en Perú como en Chile aplican el método de la fuerza sin empatía generando rechazo nacional—, abriendo un respiro multilateralista para la APEC.
  3. España (29-N): La vivienda no es negocio, es un derecho. Tras el rechazo a la ley de vivienda y el fallecimiento de Maricarmen Abascal —la mujer de 87 años convertida en símbolo nacional contra los desahucios—, Pedro Sánchez ha jugado su última carta en las urnas. España definirá si la vivienda se consagra como un derecho humano tutelado por el Estado frente a la especulación. A la vez, se mide el respaldo a un líder europeo que se ha negado a someterse a las exigencias de Washington de inflar los presupuestos de defensa a costa del bienestar social.

La receta de los que piensan: Un Estado que no pone «tiritas»

El debate global no es técnico; es profundamente político. Economistas como Thomas Piketty, Mariana Mazzucato, Dani Rodrik, Abhijit Banerjee y Ha-Joon Chang coinciden en que las crisis actuales no son inevitables.

Como enseña Mazzucato, el Estado no puede ser un simple espectador que pone «tiritas» cuando el mercado falla. Un gobierno debe actuar por misiones claras. En vivienda, Ha-Joon Chang nos recuerda la lección de Singapur, donde el Estado gestiona la mayor parte del suelo y la oferta residencial para evitar que los especuladores encarezcan la vida de los ciudadanos. En empleo e Inteligencia Artificial, Daron Acemoglu y Banerjee advierten que no se trata de regalar dinero, sino de equilibrar los impuestos al capital y reorientar la fuerza laboral hacia el bienestar social, la salud y la educación.

El contraste local: Tours internacionales, el abismo de Latinobarómetro y «Pepe el Vivo»

¿Y en el Perú? Mientras las emergencias nos acorralan, la conducción del país muestra un desconcertante despropósito de prioridades.

Resulta incomprensible que la presidenta emprenda un tour de una semana por El Salvador (un país 61 veces menor en territorio que el Perú, 25 mil kms2, cómo el tamaño de Ica 21 mil kms2,  y con una escala poblacional de 6 millones frente a nuestros 34 millones, y un PBI de 39 mil millones de dólares frente a 380 mil millones de dólares del Perú) y Madrid para asistir a la Cumbre Iberoamericana. Esas representaciones protocolares bien puede atenderlas el Canciller. Lo que el Perú exige es un liderazgo presidencial en el territorio: liderar la prevención del fenómeno de El Niño —viendo la devastación de lluvias e inundaciones que ya sufre Santiago— y comandar la guerra frontal contra la delincuencia.

Las cifras más recientes del Latinobarómetro desnudan este abismo con precisión quirúrgica:

  • 9 de cada 10 peruanos (90%) afirman no sentirse representados por el Congreso.
  • Un dramático 89% considera que el Estado malgasta e invierte mal sus impuestos (liderando la desconfianza fiscal en toda la región).
  • La confianza en el Gobierno y en el Parlamento roza un exiguo 9%.

Aun así, la respuesta oficial es la «autoridad a la fuerza». Se anuncia un comando conjunto de la PNP y las FFAA con 1,500 efectivos de élite, pero la acción no se siente en las calles. Se reacciona solo tras el desastre. Mientras tanto, en la «Tierra de Pepe el Vivo», se pisotean los referéndums de no reelección y bicameralidad con maniobras leguleyas, ante la mirada de un JNE pusilánime que calla para no hacer olas y seguir cobrando mensualmente.

Gobernar 360°: «Pensá»

No podemos seguir sembrando improvisación para cosechar el colapso social. El verdadero camino para dar el salto exige implementar un esquema de Gobernar 360°: activar la maquinaria pública en simultáneo, desterrar la criollada de la política y poner al frente a un «batallón de profesionales capacitados» del siglo XXI, con solvencia moral y capacidad de ejecución real.

Las propuestas estructuradas y las rutas técnicas ya están escritas (como en el libro Propuestas para gobernar el Perú 2026-2031 del G12). Lo que falta es liderazgo y sentido de urgencia.

Como repetía Ricardo Gareca antes de devolvernos la fe y llevarnos al mundial tras más de tres décadas: “Pensá”. Es momento de pensar el país con rigor, exigir excelencia a nuestras autoridades y atrevernos, de una vez por todas, a dar el salto definitivo hacia la modernidad.

#JuandeDiosGuevara

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