INCORE 2026

Una radiografía de brechas que el nuevo gobierno no puede ignorar

La reciente publicación del Índice de Competitividad Regional (INCORE 2026), elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), llega en un momento idóneo. Con la mirada puesta en la transición política y las prioridades de cara a las Elecciones Regionales y Municipales, este informe deja de ser una simple acumulación de datos cuantitativos para convertirse en un severo mapa de ruta y un diagnóstico de urgencia para el nuevo gobierno.

El concepto de competitividad suele malinterpretarse como una variable puramente macroeconómica o de frialdad corporativa. No obstante, como bien sustenta el informe, la competitividad regional es la capacidad intrínseca de un territorio para optimizar y aprovechar sus recursos institucionales, geográficos y humanos, traduciéndolos de manera sostenida en incrementos de productividad y, por ende, en un bienestar palpable para sus ciudadanos. El INCORE 2026 demuestra una correlación directa e inapelable: a mayor nivel de competitividad, menores son los índices de pobreza monetaria estructural.

  1. El mapa de la desigualdad: Liderazgos consolidados vs. El rezago sistemático

La edición de este año revela un cambio simbólico en la cúspide del ranking: Lima Metropolitana y Callao (Lima) retoman el primer lugar* con un puntaje de 7.5 sobre 10, desplazando al segundo puesto a Moquegua tras tres años de hegemonía de esta última. Arequipa (7.0), Tacna (6.9) e Ica (6.6) completan el cuadro de honor nacional. El patrón geográfico es evidente: la costa centro y sur del país continúan concentrando las ventajas estructurales en infraestructura, conectividad y dinamismo del mercado laboral.

Sin embargo, el verdadero llamado de atención se encuentra en el reverso de la medalla. Las regiones de la selva y la sierra centro/norte siguen atrapadas en el fondo del pozo competitivo. Loreto permanece inmóvil en el último lugar (puesto 25) desde el año 2016, registrando una alarmante puntuación de 3.6. Inmediatamente antes se ubican Ucayali (4.1) y Huánuco (4.4). En Loreto, los rezagos son críticos: en el pilar Educación, apenas el 6% de estudiantes de 4to de primaria alcanza un nivel satisfactorio en matemáticas y solo el 12% de los locales educativos cuenta con acceso a agua potable. En Salud, uno de cada cinco niños presenta desnutrición crónica.

Nota de análisis: Liderar el ranking no equivale a haber cerrado las brechas de desarrollo. El INCORE 2026 pone en evidencia que el crecimiento económico autónomo de las regiones líderes coexiste con fracturas severas: en la propia Lima, 1 de cada 4 ciudadanos fue víctima de algún hecho delictivo y alrededor del 20% de jóvenes pertenece al grupo ‘Nini’ (ni estudia ni trabaja).

  1. ¿Por qué la descentralización fiscal ha fracasado en generar competitividad?

El gran nudo gordiano que el nuevo gobierno debe desatar radica en el pilar Instituciones. El análisis histórico y los datos de este año evidencian que el incremento presupuestal derivado del canon y las transferencias de la descentralización no se han traducido en mejores servicios públicos.

La preocupante atomización del gasto público (proyectos minúsculos cuyo costo promedio no supera los 3.5 millones de soles) ha provocado que cerca de 10,000 millones de soles se encuentren actualmente paralizados en miles de obras inconclusas o deficientes a nivel nacional. El marco institucional está profundamente erosionado por la falta de capacidades técnicas en los gobiernos subnacionales, la inestabilidad política interna y la corrupción, lo que inutiliza el capital y destruye la confianza necesaria para atraer inversión privada sostenible. Por el contrario, regiones como Apurímac y Pasco destacan por sus importantes avances en la última década gracias a una mayor estabilidad para atraer inversiones y al resurgimiento de la actividad extractiva formal bajo nuevos liderazgos.

  1. Recomendaciones estratégicas para el Nuevo Gobierno: ¿Qué hacer con las regiones menos competitivas?

Elevar el nivel competitivo de un país fragmentado exige abandonar las políticas asistenciales de corto plazo y apostar por reformas estructurales de articulación territorial. Para las regiones de menor índice de competitividad, proponemos tres ejes de acción inmediata:

  1. Reingeniería del Gasto Subnacional y Shock de Gestión Pública: El Ejecutivo debe condicionar el acompañamiento técnico del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) a una moratoria de la atomización de proyectos. Es imperativo consolidar presupuestos en megaproyectos interregionales (como ejes de conectividad física en la selva o redes de saneamiento masivo) utilizando mecanismos eficientes como las Asociaciones Público-Privadas (APP) y Obras por Impuestos (OxI). Asimismo, se necesita dotar a los gobiernos regionales (GORE) de gerentes públicos altamente calificados bajo el régimen de SERVIR, blindados de la discrecionalidad política regional.
  2. Plan de Emergencia en Capital Humano (Salud y Educación Rural): Regiones como Loreto o Ucayali no lograrán ser productivas si su base social está diezmada. El nuevo gobierno debe implementar un programa multisectorial agresivo contra la anemia infantil y la desnutrición en la Amazonía y la Sierra Norte. En educación, la prioridad absoluta debe ser el cierre de brechas de infraestructura básica adaptada: dotar de agua integral, energía y conectividad al alarmante porcentaje de locales escolares rurales que carecen de estos servicios.
  3. Garantía del Clima de Negocios y Pacificación Territorial: El dinamismo minero y agroexportador ha demostrado ser el motor detrás del salto competitivo de regiones del sur. Sin embargo, no hay crecimiento sostenible sin resolución proactiva de conflictos sociales. El gobierno central debe asumir un rol articulador permanente, combatiendo de forma frontal las economías ilegales (minería ilegal, narcotráfico) que dinamitan la institucionalidad regional, y garantizando un entorno seguro y predecible para las inversiones legítimas.

Conclusión

El INCORE 2026 no es solo una fotografía estática del rezago; es una advertencia explícita. El nuevo gobierno no puede gobernar mirando únicamente los números de la franja costera. Si no se inyecta institucionalidad, infraestructura básica y capital humano en la periferia de nuestra geografía, la brecha de competitividad seguirá alimentando la polarización social y frenando el potencial de desarrollo de todo el Perú. La tarea es descomunal, pero la hoja de ruta ya está trazada.

#JuandeDiosGuevara

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos por mes y año