Menos polarización, más desarrollo

A poco más de una semana de una elección crucial, el Perú respira un aire denso, cargado de desconfianza y polarización. Como advierte el profesor John Almandoz, de IESE Business School, las sociedades sometidas a crisis prolongadas tienden a fragmentarse en burbujas de información donde el adversario político deja de ser un competidor democrático para convertirse en un enemigo al que hay que derrotar. Las redes sociales y las estrategias electorales maximalistas profundizan esta dinámica.

Sin embargo, la polarización no es solamente un problema político; se ha convertido en uno de los principales obstáculos para el desarrollo nacional. Mientras el país consume su energía en enfrentamientos estériles que se arrastran desde el año 2016, las verdaderas prioridades permanecen postergadas: cerrar brechas sociales, aumentar la productividad, modernizar la infraestructura, fortalecer las instituciones y construir una estrategia de desarrollo para las próximas décadas.

El Perú necesita recuperar la capacidad de pensar en grande.

La paradoja peruana: Cimientos sólidos, resultados insuficientes

El reciente libro del G12, Propuestas para Gobernar el Perú 2026-2031, plantea una idea fundamental que defendemos plenamente: la estabilidad macroeconómica no constituye el objetivo final de una nación; es el instrumento indispensable para alcanzar la transformación productiva, la industrialización y el bienestar de la población.

Durante décadas se ha destacado, con justa razón, la fortaleza macroeconómica del Perú. Las Reservas Internacionales Netas (RIN) bordean los 100 mil millones de dólares y constituyen una garantía sólida frente a eventuales crisis externas. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es simple: ¿para qué sirve la estabilidad si no se traduce en desarrollo?

La economía peruana enfrenta una paradoja evidente. Disponemos de una de las posiciones fiscales y monetarias más sólidas de América Latina, pero mantenemos enormes dotes de vulnerabilidad estructural debido a tres fracturas latentes:

  • Brecha Social: Millones de peruanos carecen de acceso adecuado a servicios de salud, educación y agua potable.
  • Brecha Territorial: Amplias regiones del país permanecen completamente desconectadas física y digitalmente.
  • Brecha Económica: Nuestra estructura productiva continúa dependiendo excesivamente de la exportación de materias primas con escaso valor agregado.

Somos solventes en los balances macroeconómicos, pero seguimos siendo vulnerables en nuestras capacidades humanas. Exportamos recursos naturales e importamos conocimiento, tecnología y valor agregado; una ecuación que limita severamente nuestras posibilidades de crecimiento sostenible.

De la estabilidad pasiva al desarrollo activo

Uno de los aportes más relevantes del G12 consiste en plantear una mejor articulación estratégica entre la política fiscal y la política monetaria, manteniendo intactos los principios de disciplina macroeconómica y autonomía institucional del BCRP y el MEF.

No se trata de abandonar la prudencia fiscal ni de recurrir a experimentos populistas que terminen destruyendo el país. Por el contrario, se trata de utilizar con inteligencia y audacia las fortalezas acumuladas durante décadas para impulsar una nueva etapa de desarrollo. La estabilidad no debe convertirse en un fetiche estético; debe ser la plataforma para financiar la transformación productiva del país.

Ello exige diseñar mecanismos institucionales y arquitecturas financieras inteligentes (como fondos soberanos) que permitan canalizar el excedente de recursos hacia objetivos estratégicos:

  1. Modernización tecnológica y fondeo de crédito para las pequeñas y medianas empresas (PYMEs).
  2. Infraestructura logística, física y digital que integre y unifique los territorios nacionales.
  3. Innovación, ciencia y formación de capital humano calificado.
  4. Industrialización basada en nuestras ventajas competitivas y recursos estratégicos.

No queremos una estabilidad económica destinada únicamente a obtener el aplauso y reconocimiento internacional. Queremos una estabilidad capaz de generar prosperidad compartida.

El verdadero blindaje nacional e institucional

Las reservas internacionales son importantes, pero el verdadero blindaje de una nación reside en la fortaleza de su gente y de sus instituciones. Ninguna economía podrá competir exitosamente en el siglo XXI si una parte significativa de su población continúa enfrentando servicios públicos deficientes y educación de baja calidad. Reducir desigualdades no es solamente una obligación ética; es una condición económica indispensable para aumentar la productividad y fortalecer la cohesión social.

Por otro lado, la experiencia peruana de la última década demuestra que la inestabilidad política tiene costos económicos brutales. La incertidumbre desalienta la inversión, paraliza decisiones estratégicas y debilita la confianza ciudadana. Por ello, resulta indispensable recuperar la meritocracia, fortalecer las instituciones públicas y establecer reglas de juego previsibles.

La ciudadanía necesita saber hacia dónde se dirige el país. Sin rumbo estratégico, cualquier camino parece válido. Pero cuando una nación define claramente sus objetivos, las decisiones públicas adquieren coherencia y propósito.

El destino del viaje

Existe una conocida conversación en Alicia en el País de las Maravillas: —¿Qué camino debo tomar? —pregunta Alicia. —Eso depende de adónde quieras llegar —responde el gato. —No lo sé —contesta Alicia. —Entonces cualquier camino sirve.

Durante demasiado tiempo el Perú ha actuado como Alicia. Hemos discutido intensamente sobre el camino sin ponernos de acuerdo sobre el destino. Hoy el desafío es distinto. Necesitamos menos confrontación y más visión estratégica. Menos polarización y más desarrollo.

El Perú debe recordar las duras lecciones de la última década. Los años de confrontación permanente, obstruccionismo político iniciado en 2016, vacancias, crisis institucionales e incapacidad para construir consensos nos han costado puntos de crecimiento, inversión, empleo y oportunidades perdidas para millones de peruanos. Persistir en las mismas fuerzas políticas que han protagonizado buena parte de esa confrontación y del bloqueo institucional de los últimos años difícilmente permitirá obtener resultados diferentes. El Perú necesita abrir una nueva etapa política orientada al desarrollo, la productividad y la construcción de consensos nacionales. Todo cambio implica incertidumbre, es verdad; pero también es cierto que ninguna sociedad progresa aferrándose indefinidamente a los errores y a los actores del pasado. Los peruanos debemos evaluar este voto no solo por las promesas de campaña, sino por los resultados reales que cada proyecto político ha dejado a su paso.

El Perú ya no necesita únicamente administrar el presente. Necesita, con urgencia, construir su futuro.

#JuandeDiosGuevara

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