El Salto hacia la Agricultura 2.0
El Perú enfrenta una fractura dual que, además de ineficiente en términos económicos, resulta éticamente inaceptable: un sector agroexportador de clase mundial y alta productividad que compite con éxito en las góndolas globales, frente a una agricultura familiar tradicional que concentra al 27% de la población económicamente activa (PEA), pero apenas aporta un rezagado 7% al PBI nacional.
Nuestra patria posee una bendición geográfica única: 28 de los 32 climas del planeta y 84 de las 117 zonas de vida catalogadas en el mundo. Sin embargo, esta ventaja comparativa no se ha traducido en bienestar para las mayorías rurales.
«El Perú no es solo un país agrario; es una potencia megabiodiversa dormida. El dilema no es elegir entre la agroexportación moderna y la agricultura familiar, sino articularlas bajo una premisa: Cultivar al hombre para cultivar al campo.»
Vivimos bajo la tiranía de lo que llamo «la brecha del 2%»: de las 13 millones de hectáreas con aptitud agrícola en el país, apenas el 1.9% cuenta con tecnología e infraestructura moderna. El 98% restante opera bajo un modelo de subsistencia con retornos marginales o negativos, condenado además a la inestabilidad hídrica debido a que desperdiciamos el 85% del agua de escorrentía, la cual termina vertiéndose inútilmente al mar.
Gobernar el territorio peruano con miras al periodo 2026-2031, tal como lo presentamos en el libro Propuestas para gobernar el Perú 2026-2031 (G12), exige una gestión integral de cuencas y un cambio radical de paradigma. No necesitamos más asistencialismo paliativo de «entrega de semillas» que solo maquilla la pobreza; requerimos una estrategia de Agricultura 2.0 diseñada para despertar la riqueza dormida de nuestras tierras mediante tres reformas estructurales:
En primer lugar, un Salto Tecnológico orientado al Food-Tech. Exportar materia prima es, en el fondo, exportar empleo y riqueza hacia el exterior. Proponemos la creación de Parques Tecnológicos Rurales en convenio con universidades regionales y la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) para que operen como «Faros de Conocimiento», en los fundos que poseen en el país. El objetivo es priorizar 10 cadenas de superalimentos nativos (como el tarwi, la quinua y el camu camu) para transformarlos localmente en nutracéuticos de alto valor dirigidos al mercado asiático, capturando el margen de ganancia que hoy se queda en los intermediarios globales. Esto, de la mano con la masificación de la Inteligencia Artificial y la agricultura de precisión mediante sensores móviles, permitirá reducir hasta en un 20% las pérdidas post-cosecha.
En segundo lugar, una Revolución Hídrica. El agua es el activo que habilita el crédito; sin agua regulada, un agricultor jamás será sujeto de préstamo a largo plazo. Nuestra meta para el 2031 es ambiciosa: cuadruplicar la frontera de riego tecnificado en la agricultura familiar para pasar del 7% al 40%. Para financiarlo sin asfixiar el erario público, utilizaremos un modelo tripartito donde el mecanismo de Obras por Impuestos (OxI) permita a las empresas mineras y logísticas construir infraestructura hídrica menor. Asimismo, combinaremos la ingeniería moderna con la sabiduría ancestral, impulsando la construcción masiva de qochas (siembra de agua) y la rehabilitación de 1.2 millones de hectáreas de andenes en las partes altas de nuestras cuencas.
Finalmente, debemos consolidar y aprovechar la mayor ventaja logística del Pacífico Sur: el Factor Chancay. Al cumplirse el primer año de operaciones del megapuerto, las declaraciones del embajador de China en el Perú, Song Yang, confirman que la realidad ha superado las expectativas: más de 3,500 millones de dólares movilizados en exportaciones y una recaudación tributaria para el Estado peruano que sobrepasa los 1,000 millones de soles. Como bien señaló el diplomático, esta infraestructura de tecnología avanzada coloca al Perú en una posición inmejorable frente a los mercados del Asia-Pacífico, con líneas directas de navegación que reducen el flete marítimo a solo 22 días.
El mercado asiático ya se abrió y la plata está ingresando; lo que falta es un gobierno con la capacidad de canalizar esos recursos para que el pequeño agricultor de Huancavelica, Ayacucho o Junín procese su producto y use ese puerto moderno. Eso es la Agricultura 2.0.
Sin embargo, para que este «puente de plata» dinamice la economía de los pequeños productores y no solo de las grandes corporaciones, el próximo gobierno debe implementar urgentemente Zonas Económicas Especiales (ZEE) Agrarias a lo largo de los corredores logísticos que conectan la sierra y la selva con Chancay. Esto debe complementarse con una agresiva diplomacia fitosanitaria para destrabar y automatizar los protocolos de acceso en China, Japón y Corea para los superalimentos frescos de nuestra agricultura familiar.
El éxito del próximo quinquenio no se medirá en las calles de Lima, sino en el florecimiento y la pacificación productiva de nuestras regiones. Al otorgar títulos de propiedad con tecnología GIS, democratizar el riego e inyectar tecnología en el campo, detendremos la migración forzosa a la capital y abriremos el camino para que el talento técnico regrese a sus provincias de origen. Es momento de romper la paradoja del «campo rico, niño pobre». Es hora de cultivar al hombre para que el campo nos haga, por fin, una nación del primer mundo.
#JuandeDiosGuevara