Un Paréntesis Necesario: Entre la Legalidad y la Incertidumbre Nacional

«Los que pueden actúan, y los que no pueden y sufren por ello, escriben». William Faulkner

Analizar la realidad política del país exige, a menudo, tomar distancia de la inmediatez para observar los acontecimientos con la mayor lucidez posible, buscando ese equilibrio necesario para no dejarse arrastrar por el encono, sino para entender el panorama «desde arriba». Hoy nos encontramos ante un escenario complejo e histórico que requiere, precisamente, esa mirada pausada. El ascenso de Keiko Fujimori a la presidencia es un hecho legal consagrado por nuestras instituciones, pero nace bajo la sombra de una profunda fractura social y una evidente crisis de legitimidad que marcará el rumbo de los próximos años.

Los datos electorales evidencian un país geográficamente polarizado. Aunque el voto en el extranjero le otorgó una ventaja de poco más de 81,000 sufragios en las plazas del exterior, permitiéndole voltear el resultado nacional por una diferencia global de aproximadamente 50,000 votos, el mapa interno cuenta otra historia. La presidenta electa ha perdido de forma contundente en la gran mayoría de las regiones y distritos de la sierra y la selva peruana. El gran interrogante que se abre de cara al futuro es cómo logrará gobernar un territorio donde el grueso de sus regiones no se siente representado por su propuesta.

Esta victoria, sumamente ajustada, se ha consolidado tras una campaña millonaria respaldada de forma unánime por los medios de comunicación tradicionales. Este sesgo mediático no ha pasado desapercibido; los propios observadores de la Unión Europea denunciaron en su momento el marcado favoritismo hacia su candidatura y el uso de la vieja narrativa del miedo para desacreditar al rival político.

Las señales iniciales, no obstante, despiertan legítimas dudas sobre el rumbo que tomará el Ejecutivo. El entorno que empieza a perfilarse para asumir las riendas del Estado está integrado por técnicos y funcionarios que colaboraron estrechamente con el régimen saliente, lo que parece confirmar la percepción de que el poder de facto ya se ejercía desde el Legislativo. A esto se suman gestos simbólicos y decisiones controvertidas en la organización de la transferencia de mando, donde ha destacado la presencia de personajes vinculados al entorno más cerrado del gobierno de los años noventa. Para observadores internacionales, estas dinámicas institucionales resultan difíciles de asimilar, colocando al país en una posición sumamente vulnerable ante la opinión pública global.

El camino hacia adelante se presenta cuesta arriba. El Congreso saliente cierra su ciclo habiendo aprobado reformas altamente polémicas, como las normativas referidas a los delitos de lesa humanidad, una decisión que compromete seriamente las aspiraciones del Estado peruano de integrarse a bloques internacionales de prestigio como la OCDE. El riesgo de ingresar a un bucle conocido de inestabilidad, protestas sociales y respuestas represivas está latente, amenazando con hacernos perder un tiempo valioso para el desarrollo nacional.

Como demócrata, me veo en la obligación civil de aceptar las leyes de mi país y el resultado que las autoridades electorales han validado, por más sospechas que dejen los procesos de votación en el exterior o la opacidad del software utilizado. Desear que al Perú le vaya bien implica, necesariamente, esperar una rectificación profunda de quien asumirá el mando. Sin embargo, la duda es legítima. Es difícil creer en una metamorfosis de estadista cuando la historia familiar y política de la presidenta electa está marcada por el desmantelamiento institucional, el lavado de activos heredado y un modelo primario exportador alineado a intereses externos como el «Escudo de las Américas».

Por todas estas razones, este espacio abrirá un breve paréntesis de uno a dos meses. No se trata de una despedida, sino de una pausa necesaria para tomar distancia de las primeras medidas y nombramientos del nuevo gobierno, evaluar su impacto con mayor frialdad analítica y atender de paso algunos compromisos de índole personal y de vacaciones.

A pesar de las contradicciones de nuestra historia y del dolor que causa ver la persistencia de viejas prácticas políticas, el compromiso con el destino de nuestra patria se mantiene intacto. Nos espera un aniversario patrio que debe invitarnos a la reflexión profunda sobre el país que queremos construir. Les deseo a todos un Feliz 28 de Julio y unas felices fiestas patrias. Retornaremos pronto a este espacio de análisis con el optimismo y la firmeza de siempre.

#JuandeDiosGuevara

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